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SANTIAGO DE COMPOSTELA. - 30 de mayo. El Consejo Económico y
Social de España presentó hoy en Santiago de Compostela su informe “Análisis
y perspectivas del sector primario en la Unión Europea”. Empresarios,
sindicatos y los representantes del grupo tercero proponen importantes medidas
para el desarrollo sostenible de la agricultura y la pesca.
Este informe parte del análisis y diagnóstico de la situación
actual de los sectores agrario y pesquero de la Unión Europea, dedicando
un espacio a la revisión de las políticas agraria y pesquera,
así como a la exposición de las nuevas reglas que se están
desarrollando en el ámbito de la reordenación de los mercados
mundiales. Posteriormente, se centra en el estudio de la situación española
en los sectores agrario, pesquero y agroalimentario, para abordar, finalmente,
los posibles escenarios de futuro y las propuestas de actuación que,
en opinión de los agentes económicos y sociales representados
en el Consejo, resultan necesarias para garantizar el desarrollo sostenible
en dichos sectores.
La presentación se centró fundamentalmente en las perspectivas
del sector pesquero, en el que destaca el peso de Galicia a nivel estatal:
más de la mitad de los barcos pesqueros españoles son gallegos,
como el 40% del arqueo, la potencia o el empleo del sector. Esta importancia
motivó que los consejeros del CES presentaran el informe en Santiago
de Compostela.
Los retos del sector pesquero
El informe del CES señala que la actividad pesquera tiene un peso importante
dentro de la Unión Europea y en particular en España, en donde
es una actividad de larga tradición que, aunque tiene una limitada relevancia
económica en términos de empleo -unos 49.300 trabajadores-, y
de valor añadido –en torno al 1,0 por 100 del PIB-, resulta de
vital importancia, en cambio, para el desarrollo de determinadas zonas geográficas,
y para suministrar un producto básico de la dieta alimenticia española.
Por otro lado, el sector acuícola se configura de forma creciente como
una actividad complementaria a la pesca extractiva, con importantes expectativas
de desarrollo futuro.
En España se está produciendo un intenso proceso de ajuste en
su sector pesquero, que debe hacer frente todavía a importantes retos:
- Lograr un desarrollo
sostenible de la actividad pesquera.
- Renovar y modernizar
la flota.
- Hacer frente a las restricciones
de acceso a los recursos pesqueros.
- Ser competitivo en un entorno
de incremento de los costes de producción y de la competencia de los
países en desarrollo.
- Y complementar el menor
peso de la producción nacional con la oferta acuícola.
Ante estos retos, las recomendaciones de este Consejo, para que el sector
de la pesca y la acuicultura alcance los mejores resultados, serían
las siguientes:
- Deberían cobrar
mayor relevancia las dimensiones económica y social de la actividad
pesquera y reforzarse la participación de los agentes económicos
y sociales en la política pesquera.
- Para garantizar el acceso
de la flota española a los recursos pesqueros, debería definirse
y desarrollarse una estrategia de explotación sostenible del caladero
nacional, y potenciarse los acuerdos de la Unión Europea con terceros
países.
- Elaborar de un Libro Blanco
que analice en profundidad la situación y perspectivas del sector de
la pesca y la acuicultura, teniendo en cuenta su naturaleza de sector estratégico
en atención a su función de abastecimiento de un componente esencial
de la alimentación de la población española, como
es el pescado.
Modelo de desarrollo rural sostenible
Por lo que respecta específicamente al sector agrario, el análisis
de su estructura productiva y laboral en la Unión Europea y en España
permite afirmar que, en los dos ámbitos territoriales, el sector agrario
presenta un perfil muy similar, aunque en el caso español algunos de
los rasgos principales tienden a agudizarse. Las principales características
son las siguientes: la importancia económica del sector en términos
de producción y empleo es limitada; es muy relevante la mano de obra
familiar y el trabajo a tiempo parcial; el grado de envejecimiento de los agricultores
es muy acusado y es escasa la presencia de mujeres, sobre todo al frente de
las explotaciones; son muy numerosas las explotaciones de tamaño reducido
y de rendimiento económico escaso, la ubicación de la mayoría
se encuentra en zonas desfavorecidas o de alta montaña, y se observa
una tendencia a la desaparición de explotaciones.
Además, la tendencia a la reducción de las ayudas comunitarias,
su distribución favorable a las grandes explotaciones, la tendencia
hacia la liberalización del mercado mundial y la consiguiente reducción
de precios, constituyen elementos de riesgo que permiten vaticinar una disminución
de la renta agraria y el abandono de la actividad y el territorio en las zonas
con productividades bajas por razones climáticas o estructurales, así como
la deslocalización de cultivos hacia áreas con mejores condiciones
naturales o estructuras productivas más eficientes. Además, el
sector se enfrenta a nuevas demandas sociales, como la exigencia de mayor calidad
y seguridad alimentaria por parte de los consumidores o la nuevas demandas
en relación con la preservación del medio ambiente, la protección
de la biodiversidad o la conservación de los espacios naturales y del
patrimonio paisajístico.
En este contexto, el Consejo Económico y Social aconseja la articulación
de una serie de medidas que contribuyan a garantizar el desarrollo sostenible
del sector agrario, entre las que destacan las siguientes:
En primer lugar, para lograr una mayor transparencia del mercado y evitar
la tendencia a la reducción de los precios en origen, el CES propone
impulsar y fortalecer el asociacionismo, el cooperativismo y, en general, la
concentración e integración empresarial; para así rentabilizar
inversiones, ganar poder de negociación en el mercado y permitir la
participación de los agricultores y las cooperativas en las fases de
comercialización y/o distribución del producto, eliminando intermediarios
entre el productor y el consumidor.
En el informe se señala que la distribución comercial de los
productos agrarios y la provisión de suministros a los agricultores
(carburantes, electricidad) se hallan fuertemente concentradas, mientras que
los productores agrarios se encuentran muy atomizados, lo que resta eficacia
al mercado como regulador de precios, en perjuicio de los agricultores, que
sufren una tendencia a la baja de los precios en origen, y de los consumidores
finales, que acusan la tendencia contraria en los precios al consumo.
Por ello proponen la reforma del Observatorio de Precios de los Alimentos
para que cumpla efectivamente con su cometido de analizar la formación
de precios y los márgenes comerciales, así como las condiciones
de competencia en el sector de la distribución.
Además piden que se vele por el cumplimiento riguroso de la legislación
sobre defensa de la competencia en materia de dumping comercial. Por eso creen
que sería interesante crear una comisión para investigar las
prácticas comerciales en la cadena agroalimentaria, en particular aquellas
que generan importantes cargas financieras y administrativas sobre los agricultores,
las Pymes y las cooperativas, como la venta a perdidas o el retraso en los
plazos de pago.
También proponen revitalizar los mercados locales y las lonjas de productos
agrarios; reordenar los derechos de producción y pago comunitarios hacia
jóvenes y mujeres; y velar porque los productos importados cumplan rigurosamente
con las normas medioambientales y de calidad y seguridad alimentaria.
Incorporación de la mujer
En segundo lugar, con el fin de mejorar la competitividad y viabilidad estructural
de la producción agraria, en opinión del CES, se debería
desarrollar las infraestructuras relacionadas con el proceso productivo agrario,
estimular la concentración parcelaria y propiciar el aumento de la oferta
de tierra, incentivar la incorporación de mujeres y jóvenes a
través de diversas medidas; articular fórmulas para dar mayor
estabilidad a los costes de los insumos del sector y promover un uso más
racional de los mismos; aumentar la inversión en I+D+i y la investigación
aplicada aproximando los centros de investigación a las necesidades
reales del sector agrario; impulsar la penetración de las tecnologías
de la información y la comunicación y la política de asistencia
técnica y formación de los agricultores; apoyar a la agricultura
integrada y ecológica y las iniciativas dirigidas a mejorar la calidad
alimentaria; y favorecer la penetración comercial en países terceros.
En tercer lugar, este Consejo considera que para propiciar un modelo desarrollo
rural sostenible, tanto desde el punto de vista socioeconómico como
medioambiental se debería reconocer al sector agrario como motor de
la economía rural; articular un sistema de ayudas multifuncionales ligadas
a las funciones sociales y medioambientales del sector y adecuado a la realidad
productiva de los distintos territorios; apostar por el fomento de la explotación
familiar agraria económica, social y territorialmente sostenible; desarrollar
las infraestructuras públicas en el medio rural; extremar las precauciones
en relación con el cultivo y la comercialización de los productos
transgénicos; fomentar la agricultura ecológica e integrada y
la utilización de variedades locales; transponer adecuadamente la Directiva
marco del Agua; establecer un instrumento financiero independiente para el
proyecto Red Natura 2000.
Por último, en lo que se refiere al sector agrario, el CES hace una
serie de recomendaciones transversales de mayor alcance y recomienda, por un
lado, la elaboración de un Plan Estratégico Nacional y una Ley
básica de orientación agraria y desarrollo rural, que contemple
el proceso de producción agroalimentario y el medio rural de forma integral,
y que potencie las explotaciones agrarias viables y sostenibles. Además,
solicita a las distintas Administraciones Publicas que tengan en cuenta la
igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres como objetivo a la hora de
elaborar los mencionados documentos.
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